Un difusor cuadrado es un dispositivo de tratamiento acústico especializado diseñado para dispersar espacialmente ondas sonoras, reduciendo así los reflejos fuertes, los ecos y las ondas estacionarias en una habitación. A diferencia de los paneles absorbentes que simplemente atrapan la energía sonora, los difusores funcionan rompiendo y redirigiendo la energía sonora a través de un área amplia a través de un patrón superficial cuidadosamente calculado de pozos, bloques o crestas de diferentes profundidades y anchos.
El tipo más común desde el punto de vista científico es el difusor cuadrático de residuos (QRD), que suele estar alojado en un marco cuadrado o rectangular. Su diseño se basa en la teoría de números para crear una secuencia pseudoaleatoria de profundidades de pozo. Esta precisión matemática le permite ser eficaz en un amplio rango de frecuencias, correspondiente a sus parámetros de diseño.
Los principales beneficios de instalar difusores cuadrados en entornos de escucha críticos, como estudios de grabación, cines en casa, salas de transmisión y salas de conciertos, son significativos. Mejoran la claridad acústica y las imágenes estéreo al crear un campo sonoro más espacioso y envolvente para los oyentes. Al dispersar los reflejos, evitan el problemático efecto de "filtrado en peine" que se produce cuando los sonidos directos y reflejados interfieren, lo que lleva a una respuesta tonal más precisa y equilibrada. Por lo general, se instalan en paredes traseras, techos y puntos de reflexión junto con trampas y absorbentes de graves para crear un entorno acústico integral y neutral.
En resumen, un difusor cuadrado es una herramienta esencial para ingenieros acústicos y audiófilos, ya que transforma un espacio reflectante y problemático en un entorno controlado, preciso y sonoramente agradable.