Un conducto de ventilación es un componente fundamental del sistema de ventilación mecánica de un edificio, diseñado específicamente para expulsar de forma segura el aire viciado, contaminado, húmedo o caliente de un espacio interior al exterior. Su función principal es mantener la calidad del aire interior, eliminar el exceso de humedad para evitar el crecimiento de moho, eliminar olores y, en el caso de electrodomésticos como secadoras o campanas de cocina comerciales, extraer aire caliente y subproductos combustibles.
Estos conductos se presentan en dos formas principales: rígidos y flexibles. Los conductos rígidos, generalmente hechos de acero galvanizado o aluminio, ofrecen superficies interiores lisas para un flujo de aire óptimo con una resistencia mínima y son muy duraderos. Los conductos flexibles, a menudo construidos con aluminio o plástico sobre una bobina de alambre, son apreciados por su facilidad de instalación alrededor de obstáculos en espacios reducidos. El material específico se elige en función de la aplicación; por ejemplo, las rejillas de ventilación de las secadoras requieren metal rígido no inflamable para la seguridad contra incendios, mientras que los extractores de aire de los baños suelen utilizar conductos de plástico flexibles y aislados.
Las consideraciones clave para un sistema de conductos de ventilación incluyen el diámetro correcto para manejar el flujo de aire requerido (CFM), el camino más corto y recto posible para maximizar la eficiencia, el sellado adecuado de todas las juntas para evitar fugas de aire y garantizar que el conducto termine correctamente fuera del edificio para evitar que los gases de escape regresen. Los conductos de ventilación instalados y con el tamaño adecuado son esenciales para la seguridad de los electrodomésticos, la eficiencia energética y un ambiente interior saludable.